Experiencias Cercanas a la Muerte ECM

28.01.2026

Autor: Juan Pablo Moltó Ripoll.

Lic. en Medicina Tradicional China. Diplomado en Psicología Cabalística

Muerte מָוֶת Mavet 

Mavet no se entiende únicamente como el fin biológico, sino como un estado de separación. Etimológica y simbólicamente, la palabra alude a la desconexión entre los niveles del alma y entre la conciencia y su fuente. Por eso, en la Cábala la muerte no es lo opuesto a la vida (Jayim), sino lo opuesto a la unidad. Algunos comentaristas subrayan que Mavet puede leerse como una contracción de la luz vital, un ocultamiento, más que una aniquilación. Desde esta perspectiva, la muerte no destruye el alma, sino que disuelve su forma encarnada, permitiendo que ciertos niveles (como la Neshamá) retornen a su raíz, mientras otros (como Néfesh) se desligan de la materia. Según el saber rabínico existen 903 formas diferentes de morir. Por otro lado, se dice que según como la persona muere es indicativo de cómo le irán los acontecimientos en el Olam ha-Bah -mundo futuro- es decir en el próximo Yetziráh. Aquí entra el famoso -beso de la muerte- que es dado por el sacro uno, que es cuando la persona muere de forma suave, se dice que esto sucede cuando la persona es buena, según la tradición, la Shekinah -presencia de Dios- es lo que hace esta energía para llevarse al difunto por el eje central de la escalera de Jacob -arbol de la vida- esto también se describe en el libro de los muertos tibetanos.

En el secreto de la flor[i] dorada se dice: El alma corpórea (Po) participa de la naturaleza de la oscuridad, es la energía de lo pesado, y lo turbio, el alma etérea (Hun) ama la vida, el alma corpórea busca la muerte.

En la Cábala, la muerte no se concibe como un castigo ni como una negación de la vida, sino como un proceso de separación natural entrelos distintos niveles del alma. En esta misma línea simbólica, el Secreto

de la Flor Dorada afirma que el alma corpórea participa de la naturaleza de la oscuridad, de lo pesado y lo turbio, mientras que el alma etérea ama la vida, y el alma corpórea busca la muerte. Esta afirmación no debe entenderse en términos morales ni psicológicos, sino ontológicos.

El alma corpórea (Po) Nefesh pertenece al dominio de la forma, la densidad y la materia. Su naturaleza es yin, descendente, ligada al peso del cuerpo, a la gravedad y a la descomposición. Cuando se dice que el Po "busca la muerte", no se habla de un deseo consciente de desaparecer, sino de su tendencia natural a retornar a la Tierra, a disolverse en aquello de lo que procede. El Po no anhela la aniquilación, sino el reposo de la forma, el fin del esfuerzo que supone sostener la individualidad material.

Por el contrario, el alma etérea (Hun) Neshamá tiene una naturaleza expansiva, ligera y ascendente. Ama la vida porque la vida es movimiento, proyección y continuidad, y porque a través de ella puede desplegar visión, sueños y sentido. En términos cabalísticos, el Hun se orienta hacia lo alto, hacia la permanencia de la consciencia más allá de la forma, mientras que el Po se orienta hacia abajo, hacia la disolución de la forma misma.

Desde esta perspectiva, la muerte no es una ruptura violenta, sino un desacople progresivo:

  • la materia retorna a la materia,
  • la forma se deshace,
  • y la consciencia se repliega hacia niveles más sutiles.

La Cábala describe este proceso como una liberación ordenada, donde cada aspecto del alma retorna a su ámbito natural. El error moderno consiste en interpretar este movimiento como patológico o nihilista, cuando en realidad expresa la sabiduría intrínseca de la vida: todo lo que tiene forma está destinado a perderla; todo lo que es consciencia no pertenece a la forma.

Así, hay que decir que el Po "busca la muerte" equivale a decir que la materia no puede sostener indefinidamente la tensión de ser individuo. La muerte es, para el Po, descanso; para el Hun, tránsito; y para el Shen, retirada de la escena. Ninguna de estas dimensiones se destruye: simplemente cambia de estado.

En la muerte el Nesfesh (PO) se dispersa rápidamente, sin embargo el Rúaj (Shen) tarda más, pero acaba por disolverse.

En última instancia, la visión cabalística —en resonancia con la tradición oriental— nos enseña que morir no es dejar de ser, sino dejar de sostener una forma concreta de existir. La tragedia no está en la muerte, sino en la identificación absoluta con la forma. Cuando se comprende esta dinámica, la muerte deja de ser enemiga de la vida y se revela como su complemento silencioso.

También se dice, desde la perspectiva del árbol de la vida que el -Daat- es decir el conocimiento, en la muerte se separa del ego yesódico, y se separa de la psique, es en ese momento donde se dice que el cuerpo pierde una fracción de su peso[1], es entonces cuando el cuerpo empieza su proceso de morir, se dice que se necesitan tres días para completar todo este proceso.

Las experiencias cercanas a la muerte (ECM)

Las experiencias cercanas a la muerte (ECM) describen un conjunto de vivencias reportadas por personas que han estado en situaciones límite —paro cardíaco, coma profundo, traumatismos graves— y que, tras recuperar la conciencia, relatan percepciones extraordinarias. Entre los elementos más frecuentes aparecen la sensación de separación del cuerpo, la percepción de un campo de conciencia lúcido y expandido, la vivencia de paz profunda, la revisión panorámica de la vida, el encuentro con presencias significativas y la impresión de atravesar un umbral o tránsito. Desde una lectura integrativa, estas experiencias nose interpretan necesariamente como alucinaciones ni como pruebas dogmáticas de un más allá, sino como fenómenos de desanclaje de la conciencia respecto a la corporeidad habitual.

En clave cabalística, las ECM pueden entenderse como un aflojamiento transitorio del vínculo entre Néfesh–Po y los niveles superiores del alma, permitiendo que Ruaj-Shen y, en algunos casos, Neshamá-Hun se manifiesten con mayor claridad. No se trata aún del retorno definitivo post mortem, sino de una oscilación liminal, donde la conciencia accede a un estado menos fragmentado, más cercano a la unidad y al sentido. El -cordón de planta- aún no se ha separado. Esta lectura explica por qué muchas personas regresan con cambios profundos en valores, miedo a la muerte disminuido y una orientación ética más marcada: no "vieron algo", sino que recordaron un modo de conciencia más amplio.

Desde la Medicina China, estas experiencias dialogan con la relación entre Shen, Hun y Po. En una ECM, el Po —alma corpórea— pierde momentáneamente su primacía, el Hun se libera de la fijación material y el Shen se expresa como presencia clara sin soporte corporal pleno. Así, tanto Oriente como la Cábala coinciden en un punto esencial: la ECM no es muerte, sino una experiencia de frontera, donde la conciencia revela que no se reduce al cuerpo ni a la actividad cerebral ordinaria. No demuestra una metafísica concreta, pero sí apunta a algo decisivo: la conciencia puede persistir y organizarse más allá de la forma física, y la vida encarnada adquiere sentido cuando se vive en coherencia con esa profundidad.

Z´EV ben Shimon Halevi en este sentido nos habla de los cinco universos señalando que las ECM es una separación transitoria entre los universos Assiático y Yetziriático, separando el cuerpo de la mente. Al morir, la psique (Shen-Ruaj) y (Hun-Neshamá) se separan del (Po-Nesfesh) el cuerpo físico de una manera permanente. Durante el sueño, la anestesia un estado de shock, el elemento llamado tradicionalmente -cordón de plata- impide una partida definitiva, este cordón se rompe al morir, cuando esto sucede, el cuerpo desvitalizado empieza a desintegrarse y la psique ingresa en la fase post mortem de recapitulación de esa vida. Siendo el Neshama lo que ingresa en los universos superiores.

Numerosas personas que han alcanzado el punto liminar entre la vida y la muerte y que, por diversas razones, han regresado a la existencia corporal —porque el llamado cordón de plata no llegó a romperse definitivamente— relatan una vivencia paradójica marcada por un profundo contraste emocional. Por un lado, describen una experiencia de éxtasis, plenitud y paz absoluta, caracterizada por la ausencia de

miedo, de dolor y de conflicto interno; por otro, al recuperar la conciencia corporal, expresan un intenso pesar o tristeza, no por haber sufrido, sino precisamente por haber sido arrancados de ese estado de unidad y claridad. Desde una lectura simbólica y espiritual, este pesar no indica rechazo a la vida, sino el recuerdo vívido de una conciencia expandida, en la que la identidad personal se diluye sin desaparecer y la experiencia del ser se percibe como profundamente armoniosa. El retorno al cuerpo, con sus límites, su densidad y sus condicionantes, se vive entonces como una contracción, como una pérdida momentánea de aquel estado de amplitud, lo que explica la melancolía que muchos testimonios refieren tras haber rozado ese umbral sin cruzarlo definitivamente.

Incidencias de las almas

Cuando morimos las fuerzas de la vida -YuanQi- queda retenido hasta que pierde su fuerza y el Nefesh colapsa. Es en este momento donde en ciertas ocasiones el difunto puede tener presencia en los familiares, se dice que aún existe el Tzelem -la sombra-, a veces ciertas almas se resisten a irse, esto explica los fantasmas, que son una especie de locura desencarnada, sin embargo, a veces esto sucede en una muerte traumática y rápida, donde el alma esta desorientada durante un tiempo.

Aunque luego en la parte de puntos lo explicare con relación a la muerte hay tres puntos de acupuntura que armonizan el Po:

13V es el punto del suicidio.

12DM es el punto del deseo de matar a la gente

42V flujo de los tres cadáveres.


[1] La idea de que el alma pesa 21 gramos proviene de un experimento realizado por el médico Duncan MacDougall en 1907. En este experimento, MacDougall pesó a seis pacientes moribundos y observó que uno de ellos perdió aproximadamente 21 gramos en el momento de la muerte. Aunque este experimento ha sido ampliamente criticado y considerado erróneo, ha dejado una huella en la cultura popular, donde se ha popularizado la creencia de que el alma tiene un peso físico.

Igualmente inspirado por la investigación de MacDougall, el médico Gerard Nahum propuso en 2005 un experimento de seguimiento, basado en la utilización de un conjunto de detectores electromagnéticos para intentar captar cualquier tipo de energía fugitiva en el momento de la muerte. Se ofreció a vender su idea a los departamentos de ingeniería, física y filosofía de las universidades de Yale, Stanford y Duke, así como a la Iglesia Católica, pero fue rechazado

[i] Wilhelm R. 1962. The secret of the Golden Flower. Harcourt,, Brace & Word. New York