Corazón y Alma

30.01.2026

El corazón como eje de la consciencia: Sefer Yetzirah y Medicina China

Cuando se observan con atención las grandes tradiciones sapienciales, resulta difícil no llegar a la misma conclusión: están hablando de lo mismo, aunque utilicen lenguajes distintos. Un ejemplo particularmente revelador de esta convergencia se encuentra en la comprensión del corazón como centro de la vida, de la mente y de la consciencia.

En la mística judía, una de las fuentes más antiguas y fundamentales es el Sefer Yetzirah, el Libro de la Formación. En él se describe una cosmología en la que el universo, el ser humano y la consciencia se articulan a través de números, letras y procesos dinámicos. Uno de los símbolos más profundos de este texto es el número 32, que en hebreo se escribe ל״ב (Lámed-Bet) y se lee Lev, cuyo significado literal es corazón.

Este detalle no es meramente simbólico ni poético. El número 32 hace referencia a los 32 senderos de la Sabiduría (Netivot Jojmá), es decir, a los caminos por los que la consciencia se despliega desde lo inmanifestado hacia la forma. Que estos senderos estén codificados en la palabra corazón sugiere algo radical: la sabiduría no se manifiesta primordialmente en el intelecto, sino en el corazón. Es en el corazón donde la mente se encarna y se vuelve operativa.

De manera sorprendentemente convergente, la Medicina Tradicional China afirma que el Shen —la dimensión espiritual y consciente del ser humano— reside en el corazón. El corazón no es solo una bomba mecánica, sino el órgano soberano que gobierna la vida psíquica, la lucidez mental, la coherencia emocional y la presencia consciente. Por ello se dice que, cuando el corazón deja de funcionar, sobreviene la muerte: no solo porque cesa la circulación sanguínea, sino porque el Shen pierde su morada.

El Sefer Yetzirah profundiza aún más en esta visión al afirmar que el corazón es el órgano que proporciona la fuerza vital al cerebro y al sistema nervioso. La mente no es concebida como una entidad autónoma, sino como una función dependiente del latido del corazón. Cuando el corazón deja de bombear, el sistema nervioso no puede continuar su actividad y la mente pierde toda capacidad de influir sobre el cuerpo. En este sentido, el corazón actúa como un vínculo causal entre la mente y el cuerpo, un eje que permite que la consciencia se exprese en la materia.

Por esta razón, la tradición cabalística se refiere al corazón como "el rey del alma" (Sefer Yetzirah 6:3). No gobierna por imposición, sino por coherencia vital: allí donde el corazón está vivo y alineado, la mente y el cuerpo siguen su ritmo. La experiencia mística misma es descrita en el texto como un "correr del corazón" (1:8), una expresión extraordinariamente precisa que alude a un movimiento interno, dinámico, no intelectual, en el que la consciencia se acelera, se expande y se vuelve flujo.

Desde esta perspectiva, el corazón no es un órgano más, sino el lugar donde la consciencia se hace vida. Tanto en la mística judía como en la Medicina China, el corazón aparece como el punto de encuentro entre lo espiritual y lo corporal, entre la sabiduría y la sangre, entre la mente y la forma. No es casual que ambas tradiciones coincidan en situar allí el centro de la experiencia consciente.

Así, cuando hablamos del corazón como Lev (ל״ב), como Shen, como rey del alma o como fuente de la vida nerviosa, no estamos ante metáforas dispersas, sino ante una intuición común: la consciencia no se origina en el pensamiento, sino en un núcleo más profundo, rítmico y viviente. Comprender esto no solo transforma nuestra visión de la mente, sino que redefine el sentido mismo de la vida y de la muerte, de la salud y del sufrimiento, y del lugar que ocupa el ser humano en el despliegue de la consciencia.

Autor: Juan Pablo Moltó Ripoll.

Lic. en Medicina Tradicional China. Diplomado en Psicología Cabalística